Seminario de sanación interior Semana 4
Día 1
El Espíritu se une a nuestro espíritu para que podamos clamar: Abba, Padre. Rm 8, 15
San Pablo hace una advertencia alegre pero a la vez alarmante en esta cita. La buena noticia es que el Espiritu no nos abandona y que habita en nosotros llenando nuestro interior de luz y capacidad de diálogo con Dios Padre. Él es el Espíritu de paternidad que no solamente nos hace hijos sino que nos da la experiencia profunda del Padre. Lo llamativo de esta declaración tiene que ver con la necesidad que tenemos de esta ayuda. ¿Por qué necesitamos auxilio para entrar en comunión con nuestro Padre?
Pueden existir muchas respuestas a esta pregunta, pero lo cierto es que el apóstol señala una distancia tremenda entre nosotros y el Padre que no podemos acortar si no es con la ayuda del Espíritu.
Está semana vamos a realizar solo dos ejercicios: primero vamos a recordar a nuestro padre biológico. Quizá con solo escuchar la denominación "biológico" sientas algo de temor o rechazo. Es probable que estés herido con esta imagen y no quieras recordarla pero debes saber que este hombre está en ti, en tu código genético, en lo que eres. Su sangre corre por tus venas y es representa una parte de ti que es importante sanar.
En segundo lugar, vamos a contemplar la imagen del Padre de Jesús, a quien llamamos tímidamente nuestro, pero que miramos desde lejos con desdén porque no le conocemos y su identidad nos es aún extraña. Él nos va a acompañar durante esta semana. Su presencia tiene un objetivo: sanar heridas, llenar vacíos.
Actividad: Ponte en la presencia del Señor y entregarle este tiempo de sanación de tu herida paterna. Pídele al Señor que te permita perdonar, sanar y reconciliarte con la figura paterna. Hoy simplemente vas a orar el Padre Nuestro, lentamente, saboreando cada palabra, llénate de la conciencia de que eres hijo.
Día 2
Tu eres mi hijo amado yo te he engendrado.
Esta expresión la dice Dios de su ungido, una forma de hablar del Rey de israel, para la mentalidad cristiana del mesías y pero también para cada uno de nosotros. Hemos salido de las manos de Dios. Somos su creación. También su código genético está en el nuestro él es nuestro padre desde el día de nuestro nacimiento e incluso desde antes, tal y como lo afirman los profetas que sentían su ser tan unido a Dios que confesaban sin temor "el señor me llamó desde el vientre de mi madre" Is. 49, 1 (ver. Jeremías 1, 5)
Durante estos cuatro días, vamos a recorrer las cuatro etapas más importantes de nuestra vida. Sobre todo aquellas en las que necesitamos de un Padre.
Actividad. En tu diario vas a escribir una carta donde narres cómo fue tu nacimiento, hasta donde te hayan contado tus papás y familiares. En la narración fíjate en la ausencia o presencia de tu Padre. Descríbela. Luego ora:
Padre eterno! Tú me has creado. Soy el fruto de tu amor. Soy deseado por ti. Tus ojos ven mi vida como la perla más preciosa. Hoy quiero poner en tus manos mi primer día de vida y te pido que me cargues, que me recibas, acompañes a mi madre, que llenes el vacío que mi papá no pudo llenar. Dios mío eres mi Papá.
Bonus: https://www.youtube.com/watch?v=zHPlT_BsNug
Día 3.
"Cuando Israel era niño le amé... enseñe a caminar a Efraín" Os 11, 1 - 3
En la infancia el niño necesita de su Padre. Dios declara su presencia en la infancia de Israel. Es una presencia amorosa: "cómo un padre siente ternura por sus hijos así de tierno es el Señor con los suyos" pero a la vez pedagógico: "enseñé a caminar a Efraín". Un niño necesita un padre así: que lo ame con ternura y lo eduque con firmeza.
Actividad. En tu diario, narra las escenas que lleguen a tu memoria con tu papá en este tiempo de la infancia. Tienes algún reclamo? Tienes algo que agradecer? ¡Escríbelo! Y ora a tu Padre del cielo.
Bonus: https://www.youtube.com/watch?v=6srWKB1LM4Q
Día 4
"No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre" Lc 3, 49
Jesús en su adolescencia busca a su Padre. El adolescente comienza a definir sus gustos, ideales, aspiraciones. Para Jesús es el Padre quien los recoge todos. En nuestra adolescencia nosotros comenzamos a apartarnos de la casa del Padre. Contrario a Jesús tendemos a rechazar a Dios y nos apartamos de él porque le vemos como un impedimento para nuestra libertad. Suele pasar lo mismo con nuestro papá. En la adolescencia, sobre todos los varones, solemos tomar distancia de la casa paterna, mas aun cuando ésta no es un lugar sano o agradable para vivir.
Actividad: Si deseas escribir algo sobre esta etapa, puedes hacerlo. Hoy te invitamos a que le entregas al Señor tu adolescencia. Pide en la Eucaristía a Jesús que pase sanando tu rebeldía. Que te permita ver en Dios al Padre libre que ama en libertad.
Día 5
Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer" Ecle. 12, 1
Es común que en la juventud olvidemos a nuestros papás, sobre todo si no han sido buenos. Los afanes de la vida nos van distanciando cada vez más de la casa al punto de que ya no nos interesan las actividades familiares y nos recreamos más en los juegos, los amigos, etc.
En este último día te invitamos a escribir una carta a tu papá. Donde recojas todo lo que has recordado de él en estos días. Reclama lo que necesites reclamar, con libertad y honestidad, pero también agradece.
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