Seminario de Sanación Interior Semana 1

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Semana 1

Descubriendo mi enfermedad: 
 Lucas, 18, 35-41 

 Día 1. ¿Qué quieres que haga por ti? 

En este primer día vamos a detenernos en la pregunta aparentemente irónica que Jesús hace al ciego: ¿qué quieres que haga por ti?. El hombre está ciego, su enfermedad y su necesidad son evidentes para todos (también para Jesús, como lo son todos nuestras necesidades personales) sin embargo, Jesús necesita saber si también el ciego conoce su necesidad real. 

Además, el clamor del ciego venía acompañado de un reconocimiento mesiánico, y en la época se esperaba que el mesías fuera un guerrero justiciero ante los opresores políticos, por lo tanto, el ciego pudo haber dicho: Señor necesito que hagas justicia ante el ejército romano, o: Señor sácame de la pobreza, o tengo un problema con un hijo, etc. Ahora bien, aunque la petición del hombre fue la esperada, debemos reconocer que no somos iguales al ciego de Jericó, pues en nuestras súplicas casi siempre pedimos a Dios cosas que no solucionan de raíz nuestras situaciones. 

Por eso te invitamos a que en esta semana realices un examen de tus necesidades reales. Jesús te pregunta: ¿Qué quieres que haga por tí? ¿Cuál es tu necesidad más urgente? Aquello que es imposible negar, aquello que tal vez todos te echan en cara, lo que no te deja dormir, lo que te roba la tranquilidad… 

Actividad: Escribe en tu diario cuál es esa necesidad, enfermedad o debilidad y piensa en las consecuencias que ésta tiene en tu vida diaria, pero antes haz esta oración:

Oración ¡Ven Espíritu santo! Hoy te abro mi corazón para que entres a iluminar todas las oscuridades que hay en mí. Revélame cual es mi necesidad real. Sufro mucho y tengo muchas dificultades, pero solo tú sabes lo que realmente necesito. Ven Señor dame tu luz y tu claridad. Amen.

Día 2. 

“estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna…” 


El evangelio habla de un ciego sentado junto al camino. Su nombre nunca aparece, su identidad se resume en su condición: es simplemente un ciego. Su enfermedad física se convierte en su tarjeta de presentación. Sus ojos se han apagado, no puede ver el camino, ni tampoco la belleza del mundo, su cuerpo tiene una marca que lo estigmatiza y empobrece 


El hombre del relato es un ciego. Ahora, ¿Cuál es tu enfermedad física? Te invitamos a que en un momento pienses en las enfermedades que padeces, puedes escribirlas o simplemente pensar en ellas. 


En este día el ejercicio recomendado es que asistas a la eucaristía. Después de comulgar física o espiritualmente haz esta oración. 


Señor Jesús, ahora que estás de manera real en mí, te pido que inundes todo mi ser con tu presencia. Que tu sangre sanadora corra por mis venas, limpiándome de todas mis enfermedades. Tú que sanaste a la hemorroísa con solo tocar tu manto saname a mi también que te llevo en mi como una madre lleva a su criatura. 

Me entrego a ti Jesús, toma posesión de mi cuerpo entero. Haz de mí lo que tu quieras. Sáname Jesús por tu amor y tu santidad. 




Dia 3 

Empezó a gritar, diciendo: “Jesús hijo de David, ten compasión de mí” 


Aunque sus ojos no ven, sus oídos oyen y su voz suena. El grito es la expresión de un espiritu vivo, brota de un corazón con capacidad de exaltación. Cuando alguien está deprimido o con el ánimo decaído difícilmente se atreve a pedir ayuda. Este es uno de los problemas de las personas depresivas. Se sienten tan incapacitadas que no creen que alguien las pueda ayudar. 


El ciego es un ejemplo para nosotros. Necesitamos aprender a pedir ayuda. Sobre todo cuando sabemos que es nuestro espíritu el que está enfermo, se encuentra dormido o silenciado por el dolor y las opresiones. 


Actividad: ¿Qué enfermedades espirituales identificas en ti? Escríbelas en tu diario. Has en este día la Coronilla de la Divina Misericordia pidiéndole al Señor que con su sangre gloriosa lave todos tus pecados.  


https://www.youtube.com/watch?v=AP7L20vgsZw 



Dia 4. 

“…le increpaba para que se callara”


Cuando comenzamos un proceso de sanación como este, debemos estar dispuestos a batallar. (Te invitamos a que leas: Efesios 6, 12-17)

El enemigo no quiere que estés sano, quiere tenerte oprimido, adicto, esclavo, triste, abatido, dependiente. Por eso cada vez que intentas sanar tu vida, hay una voz interior que te dice: callate, deja de hacer eso, no vale la pena, ya lo intentaste y nada ha pasado, mira mejor la televisión, tienes mucho que hacer… Lo primero que necesitas es no escuchar esas voces. 

Así lo hizo el ciego de Jericó. De hecho, el evangelio nos dice que gritaba con más fuerza. Cuando te sientas tentado a abandonar tu proceso de sanación ora con más fuerza, con la plena conciencia de que el enemigo se molesta con tu oración porque no quiere que seas libre. 


Actividad: Haz ésta oración de liberación:   

https://www.youtube.com/watch?v=mYlnxWs0l1M&t=16s 



Dia 5


El ciego anónimo es un mensaje teológico del evangelista: ¡ese hombre eres tú! Es todo aquel que ha dejado que su limitación lo petrifique, lo bloquee o deje sin aliento. Estar al borde del camino significa estar fuera de concurso, dejar que los otros hagan su vida, mientras tú sólo sobrevives y Dios no quiere sobrevivientes, quiere hijos que vivan plenamente: “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” Jn , 10, 10. 


Actividad: haz un resumen de las enfermedades o heridas que has identificado y escríbelas en tu diario poniendo al frente de cada una de ellas: Sáname señor por tu preciosa sangre. Si has recibido alguna imagen o recuerdo doloroso también escribelo y pon al frente la misma petición.


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